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________________________________________ SAADI YUSUF
¡Oh
nostalgia, mi enemiga! Llevo treinta años contigo. Nos encontramos como dos ladrones en un viaje de detalles incomprensibles. Los vagones del tren menguan con las estaciones, Y la luz se apaga. Pero tu asiento de madera, que ocupa todos los trenes, conserva su firmeza, con los apuros de los años, con los dibujos de tiza, con las cámaras, cuyos nombres nadie recuerda, con las caras, con el árbol dormido ahora bajo el polvo… Te miré fijamente un instante y me apresuré hacia los asientos de los últimos vagones, alejándome de ti… … … … Es largo el camino, dije, y extraje de mi bolsa de saco pan y un trozo de queso… Y de pronto te veo, compartiendo conmigo el pan y el queso. ¿Cómo has llegado hasta mí? ¿Por qué me has atacado cual halcón? Escucha: No he recorrido decenas de miles de kilómetros, no he viajado por decenas de países, no he conocido miles de ramas, para que vengas a robarme el pan y a aprisionarme en un rincón. Abandona el asiento ahora y desciende. Mi tren me llevará a mí solo desde esta estación, baja. Déjame
ir donde no se detiene nunca el tren.
Londres, 11 de diciembre de 2003 ________________________________ Bajo la lluvia enlodada Somos nosotros quienes se sientan bajo un techo de palma, cerca del hogar. El humo de las hojas mojadas nos humedece los ojos con lágrimas, entorpeciéndonos la visión. Como si nos hubieran amputado los dedos, los sentimos pero no podemos abrirlos ni cerrarlos. ¡Qué extraño es lo que hacen los ojos cuando se ciegan! ¡Qué raro lo que hacen las hojas de higuera! Somos nosotros quienes observan la plaza junto a la puerta (la plaza de nuestro pueblo, quiero decir), limpiándonos las lágrimas y el hollín de los ojos, por tratar de ver lo que pasa… Pero la lluvia enlodada es densa, más que leche corrompida desde hace años. ¿Para qué miramos entonces?, decimos. Cerremos los ojos durante un tiempo para esperar. Estamos finalmente en la plaza, sin saber cómo hemos decidido movernos… pues es densa y abundante la lluvia enlodada. Nos hundimos hasta las ateridas rodillas en el barro sin que cese de fluir la lluvia enlodada… Es más seguro volver, dijimos. Cobijémonos de nuevo bajo el techado, Sentémonos junto al fuego y alimentémoslo más y más con hojas de higuera. ______________________________ Londres, 8 de diciembre de 2003
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