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AHMAD AL SHAHAWI[1]
Traducido del árabe por:
Milagros Nuin
DICHOS
DEL AGUA Entrego mi cuerpo a cualquier holganza y olvido el agua del primer instante. Escribo en el aire del sueño una letra para el suicidio de dos ciudades. Coloco la cabeza sobre la almohada de la tierra e invoco los comienzos. Veo pájaros en la habitación Y dos palmeras de fuego, y el sonido de la llegada del agua a lejanas ciudades. Extraigo el placer del espíritu de la separación y me encamino a los cielos. Frente a mí hay un sueño de muerte y, a mis espaldas, las víctimas de la pasión. Recorro la distancia en la aguja del suero, arrojo unas cosas en la cesta del espíritu, rocío el agua con agua, y marcho en dirección a mis prados, despertando entonces mi primer felino. ¿Qué percibió esa mujer cuando abrió la puerta de su infierno y vio el libro de las expresiones? ¿Lloró acaso la historia de su placer? ¿Se convirtieron en fuego las escalas de su alma? ¿Se enemistó con el anhelo que dormía en el fondo de su corazón? Se colocó la mujer en el agua del dolor y se bañó en la sangre de los recuerdos. En su sangre duerme la otra mujer y se explaya en las letras. Mas cuando apagué el río de mi continuidad, en los desiertos se despertó la aurora. Sus alminares se irguieron, y en el instante en que durmieron los ojos de las lunas crecientes, concluyó la oración. Y permanece como recuerdo mi mezquita, mientras dormita el Señor del gran placer. ¿Por qué me gusta el papel blanco? ¿Y la tinta negra? ¿Y el color negro? ¿Y el pelo negro? ¿Y la poesía negra? ¿Y el negro lecho? Me alegra acariciar con los dedos las hierbas negras que nadan en las aguas del corazón y arraigan en la puerta de entrada. Mi luna creciente dormía en su boca. Despertó... y escribió un nuevo Corán. Selló el mensaje, y asoció la boca a otras creencias lo que se había revelado. Este desierto, que ha entrado con su oscuridad, ha arrojado la civilización a la basura y me ha dejado sus violetas en las manos. Abandonó ella los pañuelos de papel de su alma y ascendió los escalones hasta los árboles de mi alma, donde comió todos los frutos. Salgo del polvo y camino hacia un abismo. Dejo a mis amantes en un balcón gritándome, sin preguntarme por el regreso. Abandono la casa, las calles, el agua para permanecer en un lecho. (Publicado en: Instituto Egipcio de Estudios Islámicos. Madrid, 2002).
[1] Poeta egipcio, nacido en Damieta el 12-XI-1960. Licenciado en periodismo, en 1984 se incorpora al departamento de noticias en el periódico Al Arma. En 1991 se le nombra Miembro de la Asociación de Literatura de la Universidad de Aiwa. En 1995 obtuvo el premio UNESCO de Letras y en 1998 el premio Kavafis de poesía. Es miembro de la Comisión de Poesía del Consejo Superior de Cultura de Egipto desde el año 2001. Entre sus obras poéticas destacan: Dos Rakaas para el amor, Los dichos, El libro del amor, Asuntos del enamorado, El libro de la muerte, Agua en los dedos. ________________________________ |
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