|
EL FUTURO
TESTAMENTO
GÉNESIS
Capítulo primero
En el comienzo fui hombre, mujer y
árbol.
Fui padre, hijo y espíritu santo.
Fui la mañana, la tarde
y la mirada fija y circular.
Mi trono era de piedra en la
ribera del río.
Las ovejas
pacían, las abejas zumbaban en
torno a las
flores, las ocas flotaban en el
silencioso lago
y la vida latía como un molino
lejano
cuando observé que todo lo que
veía
no libraba al corazón del hastío.
(La pelea de gallos
era mi única distracción
en mi solitario asiento
entre las enmarañadas ramas).
Capítulo segundo
Pensé: si me acerco al agua y me
baño, me partiré,
(si me parto, seré doble... y
sonreí).
Tras bañarme,
del calor de los labios, las
flores tejieron un chal
con el que cubrí mi tembloroso
cuerpo.
(Mi trono flotaba cual arca).
Un pájaro voló sobre mi cabeza
y se posó, sacudiéndose la
humedad.
Miré en las profundidades del
agua.
Miré. Y vi
mi rostro adornado con una corona
de espinas.
Capítulo tercero
Dije: Que haya amor en la tierra,
pero no lo hubo.
Dije: Que el río se disuelva en el
mar, el mar en la nube,
la nube en sequía y la sequía en
fertilidad. Y germine
pan para sostener los corazones
hambrientos y hierba para los rebaños
de la tierra, sombra para los
exiliados en el desierto de la tristeza.
Vi al hijo de Adán erigiendo sus
cercados en torno a la plantación de
Dios, contratando guardianes,
vendiendo pan y agua
a sus hermanos y ordeñando las
escuálidas vacas.
Dije: Que haya amor en la tierra,
pero no lo hubo.
El amor sólo lo poseyeron quienes
pudieron pagarlo.
... Y Dios vio que eso no era
bueno.
Dije: Que haya justicia en la
tierra: ojo por ojo y diente por diente.
Dije: ¿Devorará el lobo al lobo y
el cordero al cordero?
No pongas la espada en cuellos de
niños y ancianos.
Vi al hijo de Adán matando al hijo
de Adán, incendiando
las ciudades, hincando su puñal en
el vientre de embarazadas,
arrojando los dedos de sus hijos a
los caballos como pienso, decorando el banquete de la
victoria con rojos labios
gimientes.
La justicia había muerto y regía
la ley del rifle. Sus hijos
eran crucificados en las plazas o
ahorcados en los rincones.
Dije: Que haya justicia en la
tierra, pero no la hubo.
La justicia sólo la poseyeron
seres sentados en tronos de cráneos con sudarios como manteles.
Y Dios vio que eso no era bueno.
Dije: Que haya razón en la tierra
con su voz equilibrada.
Dije: ¿Construirán los pájaros sus
nidos en las bocas de las serpientes?
¿Vivirán los gusanos entre las
llamas? ¿Se pintará
el búho los ojos con kohol?
¿Sembrará la sal quien espera el trigo, con el transcurrir del
tiempo?
Vi al hijo de Adán enloquecer:
talando los árboles,
escupiendo en el pozo, arrojando
aceite al río,
viviendo en una casa con una bomba
escondida
bajo la puerta, hospedando
escorpiones en el calor de su pecho,
legando a sus descendientes su fe,
su nombre y la camisa de combate.
La razón se convirtió en un
mendigo exiliado, apedreado por
niños, arrestado por guardianes de
fronteras, con la identidad patriótica
anulada por los gobiernos y el
nombre incluido en
las listas de los que odian a su
país.
Dije: Que haya razón en la tierra,
pero no la hubo.
La razón cayó en un ciclo de
exilio y prisión hasta que enloqueció.
Y Dios vio que eso no era bueno.
BIOGRAFÍA DEL
POETA
|