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________________________________________________ Badr
Shakir Al Sayyab (Irak 1926-1964)
BIOGRAFÍA*
Por Carolina Fraile.
Nace Badr Shakir Al Sayyab en una aldea llamada Yaykur, al sur de Iraq en
el año 1926, año en el que se determina la frontera con Turquía, cerca de la
caída y posterior división del Imperio Turco entre las fuerzas aliadas al término
de la Primera Guerra Mundial. Como resultado de este reparto, Iraq queda bajo
influencia británica, cuya administración instaura en 1921 un régimen
supeditado a sus intereses económicos sobre la zona del Golfo Pérsico: la
monarquía. Esta institución, asentada en las anquilosadas estructuras
otomanas, frena el progreso de una sociedad abierta a la modernización que no
tarda en percibir el fraude de su aparente independencia y ve cómo sigue
viviendo sometida al feudalismo rural y privada de los derechos básicos,
llegando incluso desesperados a empuñar las armas en sangrientos levantamientos
reprimidos con crueldad.
Badr, el mayor de tres
hermanos, vive muy apegado a su madre Karima que muere a consecuencia del parto
de una niña que no sobrevive. El padre decide casarse de nuevo y abandonar la
aldea, quedando los niños al cuidado de su abuelo. Su carácter comienza a
manifestarse como el de un niño serio e introvertido, responsable y muy
sensible, tanto física como espiritualmente. El ansia de un hogar en el que
abunde el amor maternal y el amparo paterno se manifiesta en su obra.
Desde Yaykur acude
diariamente a varias aldeas cercanas para recibir la educación básica iniciándose
en la literatura. La llamada de la poesía como un destello de autoafirmación
se percibe cuando se traslada a Basora en compañía de su abuela materna para
realizar sus estudios secundarios.
Sus poemas de
adolescencia han pervivido recogidos en el poemario Al Bawakir, algunos
de corte romántico como "A la orilla del río" y otros de tono elegíaco
como "Los mártires de la libertad" en el que manifiesta su
sentimiento antibritánico.
Al terminar los
estudios en Basora se dirige solo a Bagdad para ingresar en 1944 en la Escuela
Superior de Magisterio y cursar la rama de Lengua y Literatura Árabes. En
Bagdad desarrolla las dos cualidades que marcan su personalidad, que ya se
vislumbraban desde su infancia y adolescencia: su ideología de compromiso
social y su postura poética.
Conocedor de la opresión
en la que viven las clases más bajas tanto en el área rural como en la urbana,
y llevado por sus deseos de transformar la sociedad, se integra en las filas del
partido comunista iraquí como miembro activo siguiendo los pasos marcados por
el modelo soviético que es secundado con entusiasmo por las juventudes de los
países árabes. Se convierte en portavoz de propaganda con su poesía y en
representante de los estudiantes de su Escuela. Dirige y organiza huelgas contra
la administración política de la Escuela y manifestaciones donde, además de
pedir la reforma de las instituciones, se exige la retirada de las tropas británicas
de Iraq y una intervención internacional ante los masivos asentamientos judíos
en Palestina.
Debido a su continua
actividad revolucionaria es encarcelado repetidas veces y finalmente expulsado
en 1946 de la Escuela. Cuando es readmitido un curso más tarde, cambia de
especialidad y en 1948 se gradúa por Lengua y Literatura inglesa.
De forma paralela
contacta con diversos círculos literarios iraquíes centrados en una línea poética
renovadora en tema, forma y estilo que le permite adquirir la originalidad
característica propia de su obra. Pertenece a una generación de intelectuales
cercana al pensamiento liberal de Occidente, activamente comprometida con la
realidad de su país. Al plasmar los problemas de la nueva sociedad, estos
poetas toman conciencia del gran freno expresivo que supone la tradicional
estructura de la poesía árabe, mantenida desde épocas preislámicas como tabú
y particularmente arraigada en Iraq, la casida, que después de disfrutar del
esplendor de los periodos omeya y abbasí, vive sumergida en un profundo letargo
hasta resurgir con nuevo brillo a finales del siglo XIX.
La casida ata al poeta
a lo largo de todo el poema a un solo metro y a una sola rima, a una dicción ya
caduca y a unas oscuras imágenes sin permitirle expresar libremente las
inquietudes de las nuevas sociedades inmersas en un vertiginoso remolino de
corrientes. Tanto los poetas del movimiento neoclásico como los románticos y
posteriormente los simbolistas vieron cómo la casida limitaba su expresión. A
pesar de que sus constantes intentos por adaptarla no germinaron en un auténtico
movimiento de innovación poética en cuanto a tema y forma, sus experimentos en
forma y su ampliación temática fueron muy valiosos para que surgiera y se
asentara con éxito una tendencia que transformaría esta realidad, el
movimiento del Verso Libre. El verso libre, al reajustar y adaptar las formas
arcaicas de la casida que asfixiaban la libertad de expresión del comprometido
poeta moderno, realiza una revolución primeramente visible a nivel prosódico.
Así establece como unidad métrica el pie frente al verso de múltiples pies;
elimina tanto la monorrima como la separación del verso en dos hemistiquios
incorporando nuevas formas rítmicas de gran perfección musical. Conceptúa
además el poema como un ente único, sin separación posible entre forma y
fondo.
Al Sayyab, sin dejar
de escribir poemas de propaganda para el partido comunista, inicia su andadura
por el verso libre y en 1946 fecha su primer poema plenamente integrado dentro
de esta corriente: "¿Era amor?" de contenido romántico. La publicación
de su primer libro de poemas Flores marchitas (1947) muestra a un romántico
de ideología revolucionaria marxista, línea mantenida en Leyendas
(1950) cuyos poemas se someten en su mayoría al verso libre. Posteriormente se
publica una selección revisada de ambos libros titulada: Flores y Leyendas
(1963) donde se mezclan poemas escritos siguiendo la tradicional casida con
otros en verso libre. Ambos divanes apoyan la expresión de ideas en la asociación
psicológica donde los pensamientos de la consciencia se mezclan con el
subconsciente y los deseos con los recuerdos. Cuando el poema atiende a la
normativa de la casida se observa que la rigidez de ésta limita el fluir y
ordena el tema, y cuando escribe el Verso Libre no aparece ninguna estructura
que frene la inspiración poética.
Al Sayyab ejerce como
profesor de inglés durante el curso 1948-49 en un instituto de provincias. Sin
embargo, a principios de 1949 es suspendido de su actividad docente por un
espacio de diez años debido a su ideología comunista. Solamente encuentra
trabajos temporales y mal retribuidos lo cual le provoca una intensa frustración,
además de penuria económica. Todo esto va cambiando su romántico mundo poético
y busca valores temáticos y estéticos propios, de acuerdo con sus actuales
circunstancias. Esta transformación se propagará a la base del verso libre.
Al-Sayyab será responsable de la divulgación del verso libre como medio de
expresión de las nuevas sociedades árabes ante las nuevas necesidades psicológicas.
La transición hacia
un prisma realista y una estética acorde a su visión se inicia con el poema
"El enterrador" (1952) donde expresa la degradación social, la
injusticia económica de las clases sometidas usando el método eliotiano de
abordar el tema central a través de la evocación imaginaria de las emociones.
Un espacio de dos años
paraliza su actividad poética. Debido a motivos políticos se ve obligado a
abandonar Iraq, primero hacia Irán y después a Kuwait en un exilio que lo
induce a meditar su ideología y postura comunista y le inspira varios de sus más
famosos poemas. A su regreso en 1954 comienza su separación paulatina del
partido comunista y su acercamiento a partidos de tendencia nacionalista
publicando sus posturas poéticas en revistas vinculadas a estas corrientes como
Al Adab. Se vuelca en una intensa producción poética que presenta una
importante innovación de cara a la estructura y unicidad en tema-forma con la
incorporación del mito, un armazón que frenará y organizará el devenir de
ideas, visible incluso en sus poemas más largos. Se integra poco a poco en el
grupo poético tammuzí al usar con gran frecuencia los rituales de la
fertilidad como la base temática de esta época.
Baal, Tammuz o Adonis,
Attis, Osiris, Cristo, dioses del anual renacer de la vegetación y con él del
anual ciclo de la vida en las religiones babilónicas, egipcia, griega y
cristiana, expresan la resurrección que, originada en el hombre como ser
individual, se extiende a todo el universo gracias a la muerte en sacrificio de
estos dioses. La figura de Cristo, sola o asociada a algún personaje histórico,
a otros dioses de la vegetación o al mismo poeta, matiza el eterno conflicto
del ser humano con las fuerzas del mal encarnadas en el imperialismo occidental
y en la consiguiente injusticia social, y en el anhelo del individuo por la
justicia y la dignidad hasta que resurge triunfante la humanidad.
El hombre, el poeta en
particular, identificado en su sacrificio con Tammuz, Adonis, Cristo, purifica a
la ciudad pecadora. Así la muerte es un acto que instaura vida eterna, una
etapa dentro del ciclo natural nacer-morir-resucitar.
Dentro de esta
vibrante visión del ciclo humano se desarrolla una simbología aludiendo a las
fuerzas del bien que traen resurrección (agua, luz, aldea, flores, palmeras,
Yaykur, Buwayb, Cristo, Baal...) y a las fuerzas del mal que conllevan
esterilidad (fuego, oscuridad, ciudad, rocas, Bagdad, Babel, Cerbero, Caín,
Judas...) en lucha unas con otras. La tierra, universalizada dentro de la
concepción panteísta en matriz, tumba y resurrección, se concreta en la amada
nación árabe del poeta y más aún en Yaykur, coexistiendo así en carácter
particular con el universal.
Al-Sayyab suple la
religión con el panteísmo primitivo llegando a la resurrección a través del
mismo hombre. Al realizar el ser humano el acto heroico de salvar a la tierra de
la muerte entregando su vida por los demás, la humanidad y toda la creación
adquieren carácter divino.
Esta estructura
antropológica penetra en la poesía árabe por tres vías: el legado de las
antiguas civilizaciones mesopotámicas, la tradición bíblica y la coránica, y
la poesía inglesa centrada en la organización del poema de T.S. Eliot "The
Waste Land" donde los poetas árabes ven la caída de los poderes
occidentales y el resurgir de una nueva civilización. Basándose en el concepto
eliotiano de la continuidad histórica, Sayyab desarrolla con un sello personal
el tema de la divinización humana. La introducción de mitos, leyendas y
referencias históricas como una manifestación de la siempre universal y
permanente lucha del hombre con las fuerzas del mal y la inquietud trágica del
hombre, para Eliot se deriva, en su primera etapa, a partir de los rituales
paganos para seguir, posteriormente, una línea religiosa católica, mientras
que en Sayyab es panteísmo ligado a la tierra e impregnado del dinamismo
experimental que aporta su ideología socialista. Ante la caída de los valores
tradicionales, defraudado en sus esperanzas políticas, liberado de las trabas
impuestas por los comunistas, encuentra una base firme y eterna en la cultura
local mediante el uso de mitos de su propia cultura mesopotámica: Tammuz,
Adonis; de otras religiones como Cristo; aludiendo a personajes históricos de
su tiempo o personajes del pasado o recurriendo a mitos como Cerbero para
referirse a figuras del presente (Qasim y su sangriento régimen) uniendo de esa
forma el pasado con el presente.
En su búsqueda de la
modernidad poética, como Eliot, no hay lugar para la ruptura con la tradición
ni con el pasado sino su renovación y posterior transformación en una fuente
de creación e inspiración rebosante de vivas y frescas imágenes sensoriales y
mentales.
De Eliot provienen
también un extenso vocabulario y variadas imágenes pero con diferente actitud:
Sayyab no ve en el agua un elemento destructor como es para Eliot, sino
purificador y renovador de la vida. Por otra parte, mientras que en los poemas
eliotianos predomina la muerte, la esterilidad, el mal que encarna el pecado,
al-Sayyab afirma la resurrección. Las diferencias entre ambos van más allá,
la visión poética eliotiana asomada a la tragedia cultural y espiritual se
muestra desde un encuadre religioso pero Al Sayyab, siendo un revolucionario que
no puede limitarse a contemplar cómo se desmorona la sociedad árabe sin tomar
partido e instar a un levantamiento que origine una sociedad de igualdad y
fraternidad, la desarrolla desde las condiciones concretas de la sociedad.
En sus poemas de larga
extensión, ambos de 1954, "La ramera ciega" y "Las armas y los
niños" va apareciendo el poeta maduro con estilo personal, libre de
ataduras.
En 1960 se publica su
tercer poemario: El canto de la lluvia donde se recopilan sus poemas
escritos desde 1952 y que representa lo mejor de su labor poética.
Casado desde 1955 con
Iqbal, en 1960 dedica un poema a uno de sus dos hijos "Bravo Gaylán".
Su situación económica por esta época es muy precaria y además tiene la
responsabilidad familiar. Debido a sus cambiantes posturas políticas, se ve
incapaz de retener trabajos bien remunerados. Por otra parte, al escribir como
columnista literario en nuevas publicaciones de ideologías nacionalistas y
participar en congresos de dudosa financiación, va perdiendo admiradores y
credibilidad en sus afirmaciones y tendencias.
Su situación laboral
mejora tras la revolución de 1958 pero pronto se agrava cuando comienza a
censurar las acciones de sus antiguos compañeros comunistas convertidos en
sanguinarios esbirros del dictatorial régimen del general Al Qasem. Ante las
barbaries cometidas, su poesía se rebela: "Ciudad sin lluvia",
"Ciudad de Simbad", "Cerbero en Babel". Su actitud le
ocasiona persecución, arrestos y continuas pérdidas de trabajo. Ante tantas
represiones, sintiéndose incomprendido y atacado incluso por otros compañeros
poetas, vuelve la mirada a su pasado, a su infancia y adolescencia donde los
recuerdos le proporcionan paz y descanso.
A principios de 1961,
en compañía de su familia, deja Bagdad para trasladarse a Basora donde nace su
tercer hijo, y ya la enfermedad ha paralizado su pierna izquierda. En su intento
desesperado de hallar una cura inicia un largo peregrinaje que se convierte en
su calvario hacia la muerte: viajes a Kuwait, Bagdad, Londres, París,
tratamientos en modernos hospitales, con curanderos, contactos con sectas
religiosas... Indagó todos los rayos de esperanza y siempre detrás, su poesía,
testigo de su desesperada lucha, tan pronto radiante de luz como embargada por
tenebrosas oscuridades.
Sus últimos poemarios
El templo sumergido (1962) y La casa de los esclavos (1963) son
testigos de su lenta agonía, de sus dudas ante la muerte, de su incertidumbre
hacia la vida. Desesperanzado, abatido y entregado a su destino, regresa en 1963
a Iraq. Con los dolores de la parálisis afectando a todo su cuerpo, entre los
momentos de delirio e inconsciencia halla respiro y consuelo en su desgarradora
poesía de límpidas y sencillas imágenes. Trasladado a Kuwait durante el verano de 1964 al agravarse su estado, muere el 24 de diciembre. Al día siguiente es enterrado en Basora, el mismo día que se publica su último diván Las celosías de la hija del marqués, donde plasma con escalofriante intensidad su terror, su vacío y su angustia. Ahora su poesía es puro existencialismo.
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