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Nizar
Qabbani CUATRO
CARTAS INGENUAS A BEIRUT Primera carta ¡Amigos de la tristeza en
Beirut! ¿Cómo estáis? Os preguntamos, sabiendo la ingenuidad de la pregunta. Os preguntamos estando como huérfanos en el féretro
de la belleza.
Segunda carta ¡Amigos de la herida en Beirut! ¿Acaso no vendisteis una luna
para comprar un terremoto? ¿No vendisteis las nubes azules, las velas y la arena? ¿No vendisteis la cereza roja en
vuestros bosques, el tomillo silvestre y la retama? ¿No vendisteis el manzano, el pájaro, la falda y la cascada? ¿No vendisteis los libros de
poesía que teníais y la risa de los niños? ¿No vendisteis el dolor de las
flautas en vuestros inventarios y el mawwal[1]
azul? ¿No vendisteis un paraíso para vivir en las ruinas? Tercera
carta ¡Amigos de la poesía en Beirut! ¿Acaso no vendisteis la última
estrella de vuestro cielo? ¿No vendisteis la última letra de vuestro
nombre? ¿No vendisteis los restos de las alhajas de
vuestras mujeres? ¿No vendisteis el mar? ¿No vendisteis a las milicias
que os flagelaban el último hilo de la camisa de
la poesía? Cuarta
carta ¡Amigos de la paciencia en
Beirut! Decidnos en qué tierra se siembra la
paciencia. Decidnos si es posible que la rosa se
levante de su cama y despierte el perfume. ¿Es posible que las letras
vuelvan de su lejanía y se desborde la tinta? ¿Es posible que recobremos
nuestra vida, si ellos han borrado las más bellas líneas del libro
de la vida? ________________________ ______________________________________ |
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