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Nizar Qabbani
Traducción del árabe por: EL
AMOR NO SE DETIENE ANTE LA LUZ ROJA No pienses jamás: la luz está
roja, no hables con nadie: la luz está
roja, no polemices sobre textos jurídicos ni sobre gramática,
morfología,
poesía
o prosa: el intelecto es maldito,
repugnante, despreciable... No abandones tu gallinero lacrado: la luz está
roja, no ames a mujer ni a rata: la luz del amor está roja, no cohabites con pared, piedra o
asiento: la luz del sexo está roja. Sigue clandestino, y no descubras tus decisiones ni
a las moscas, sigue analfabeto, y no formes parte del adulterio
ni de la escritura: en nuestra época, el adulterio es menos grave que el delito de
la escritura. No pienses en los pájaros del país ni en los árboles, ríos y
noticias del país. No pienses en los que usurpan el
sol del país: la espada de la opresión te
alcanzará de mañana en los titulares del periódico, en los pies del poema y en los posos de tu café. No duermas en los brazos de tu
esposa... al alba, tus visitantes estarán
bajo el sofá. No leas libros de crítica ni de
filosofía: al alba, tus visitantes estarán infiltrados, como
carcoma, en todos los estantes de la biblioteca. Sigue en tu barril lleno de
hormigas, mosquitos y basura, sigue ahorcado por los pies hasta
el día del Juicio, sigue ahorcado por la voz hasta
el día del Juicio, sigue ahorcado por el intelecto
hasta el día del Juicio; sigue en tu barril para no ver el rostro de esta nación
violada. Si intentas ir a ver al sultán, a su esposa, a su suegro o a su perro, responsable de la
seguridad nacional, que come pescado, manzanas, niños y también carne humana, encontrarás la luz roja. Si un día intentas leer el parte meteorológico, las
esquelas de difuntos o la sección de sucesos, encontrarás la luz roja. Si intentas preguntar el precio
del medicamento contra el asma, de los zapatos de los niños o de los tomates, encontrarás la luz roja. Si un día intentas leer la página del zodíaco para conocer tu suerte antes del
petróleo y después del petróleo, o para conocer cuál es tu número
en los batallones de las bestias, encontrarás la luz roja. Si intentas buscar una casa de cartón que te
albergue, una señora -de los restos de la
guerra- que quiera consolarte o unos pechos rotos y una vieja nevera, encontrarás la luz roja. Si intentas preguntar a tu profesor de clase:
¿por qué se distraen los árabes de ahora
con las noticias de las derrotas? ¿Por qué los árabes de ahora
son cristal que se rompe sobre cristal? Encontrarás la luz roja. No viajes con pasaporte árabe, no viajes otra vez a Europa: Europa, como sabes, rebosa de
necios. Rechazado, sospechoso, expulsado de todos los mapas, gallo herido en su orgullo, muerto sin combate, degollado sin sangre... No viajes por tierras de Dios: a Dios no le agrada encontrarse
con cobardes. No viajes con pasaporte árabe, espera, como una rata en todos
los aeropuertos: la luz está roja. No digas en árabe clásico: soy Marwán, Adnán o Sahbán a la vendedora rubia de Harrods: el nombre no significa nada para
ella y tu historia, señor mío, es
una historia falsa. No presumas de tus victorias en
el Lido, Susanne, Janinne, Colette y miles de francesas jamás han
leído la historia de Zayr y Antara. Amigo: tu aspecto es cómico en la noche
de París. Vuelve inmediatamente al hotel: la luz está roja. No viajes con pasaporte árabe por los
barrios árabes: te matarán por una piastra y, hambrientos por la noche, te
devorarán. No seas huésped de Hatim Tai[1]: es un embustero y un estafador. No te dejes engañar por miles de
esclavas y cofres de oro. Amigo: no vayas solo de noche entre los colmillos de los árabes; tu estancia se reduce a tu casa, tu pueblo desconoce tu linaje. Amigo: Dios se apiade de los árabes. ____________________________________ |
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