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BADR SHAKIR AL SAYYAB (1926-1964)
Traducción
del árabe por: Carolina Fraile EL
MESÍAS DESPUÉS DE LA CRUCIFIXIÓN Cuando
me bajaron oí a los vientos trenzar
las palmeras en un largo llanto, y
los pasos al alejarse. Ni las heridas ni
la cruz a la que me clavaron al crepúsculo me
dieron muerte. Escuché: el lamento cruzaba
la llanura entre la ciudad y yo igual
que una cuerda tensa la nave que
cae al vacío. Era el llanto como
un hilo de luz entre la claridad y
las tinieblas en el cielo triste del invierno. Más
tarde dormita, a pesar de lo que siente, la ciudad. Cuando
florecen la morera y el naranjo, cuando
Yaykur se extiende hasta los límites de la imaginación, cuando
verdece unos pastos que cantan su fragancia y
unos soles que la amamantan con su brillo, cuando
incluso su oscuridad reverdece, palpa
el calor mi corazón, mi sangre fluye por el suelo. Mi corazón es el sol cuando el
sol emana luz, mi corazón es la tierra, mana
trigo, flores, agua fresca, mi corazón es el agua. Mi corazón
es la espiga, su muerte es resurrección: vive
en quien come de ella.- En la masa que se enrolla y se extiende cual seno joven,
cual mama de vida, perecí con el fuego, se quemó
la tiniebla de mi barro y quedó Dios. Fui principio y en el principio
estaba el pobre. Perecí para que se comiese el
pan en mi nombre y me sembraran con la estación. ¡Cuántas vidas viviré! En cada
tumba seré futuro, seré semilla, seré una generación de hombres,
en cada corazón está mi sangre, una gota de ella o parte de una
gota. Regresé, palideció al verme
Judas... pues yo era su conciencia. Como si fuera una sombra mía
ennegrecida, la imagen de una idea que se helara y el espíritu se
alejara de ella. Temió que mostrase la muerte en
el agua de sus ojos... (Sus ojos eran una roca donde ocultaba su tumba de los
hombres) Temió su calor, lo absurdo,
preguntó: "¿Eres tú o es mi sombra
ya blanca que se difumina en la luz? Vienes del mundo de la muerte
pero la muerte sólo pasa una vez. Eso dijeron nuestros padres, eso
nos enseñaron, ¿era mentira?". Así pensó cuando me vio, su
sola mirada lo dijo. Un pie corre, un pie, un pie, la tumba, al caer sus pasos, casi
se desploma. ¿Es que vienen? ¿Otros? ¿Quiénes? Pies... pies, pies. ¿Arrojé la roca de mi pecho o no me crucificaron ayer?... Aquí
estoy en mi tumba. ¡Que vengan! Estoy en mi tumba. ¿Quién sabe que yo...? ¿Quién
sabe? Los compañeros de Judas, ¿quién
creerá lo que dicen? Pies... pies. Aquí estoy, desnudo en mi oscura
tumba: ayer me envolví cual
pensamiento, cual rama, bajo mis sudarios de nieve se
cubre de rocío la flor de la sangre. Fui cual sombra entre las
tinieblas y la claridad. Hice estallar mi alma en tesoros,
la desnudé cual frutos. Cuando hice de mis bolsillos
mantos, de mis mangas una túnica, un día, cuando di calor con mi
carne a los huesos de los niños, cuando desnudé mi herida para
vendar la herida de otro, se resquebrajó el muro entre
Dios y yo. Sorprendió el ejército hasta
mis heridas, hasta los latidos de mi corazón, sorprendió todo lo que no era
muerte hasta en un cementerio, me sorprendió como sorprende a
la palmera rebosante de frutos una bandada de pájaros
hambrientos en una aldea abandonada. Los ojos de los fusiles devoran
mi senda mientras apuntan el fuego sueña
en ellos mi crucifixión. Si son de hierro y fuego, las
pupilas de mi pueblo hechas de luz celestial, de
recuerdos y de amor llevarán por mí la carga. Es
noble mi cruz, ¡qué pequeña! Esta muerte es mi muerte, ¡qué
enorme! Cuando me clavaron y dirigí mis
ojos a la ciudad, apenas si reconocía la llanura,
la muralla, el cementerio; había algo allá donde se
desvanece la mirada cual bosque en flor, había en cada punto una cruz o
una madre entristecida. ¡El Señor sea alabado! Éste es el dolor de parto de la
ciudad. ______________________________________
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