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Traducido del árabe por: Milagros Nuin
ELEGÍA POR EL CINE SIMBAD Hay un camino adornado
con un techo de tejas lavadas
por el recuerdo, blanqueado
bajo un cielo a
punto de combustión, donde
mis palabras quieren
elevarse cual peldaños, como
voces que suben la
escala perdida en
el cuaderno del músico que murió en
la prisión, una nota tras otra. Encontraré
ese edificio y
abriré una puerta sobre
el abismo: cada
resto de mi vida polvorienta,
se llama a sí mismo por
su nombre, allí. La
noria de los pasados sigue
fluyendo en las concavidades, pero
sus olas son
más lentas que el latido de las tortugas. Nuestro
tiempo, ¿y cómo se han perdido sus recordatorios? Me
dijeron... que
habían derruido el cine Simbad. ¡Qué
pena! ¿Quién
navegará a partir de ahora? ¿Quién
se reunirá con el jeque del mar? ¿Han
destruido nuestras veladas sin
dejar piedra sobre piedra? Nuestras
camisas blancas, el verano de Bagdad, nuestras
vigilantes amadas hasta la
revelación... Espartaco,
Sansón y Dalila, Farid
Shawqui, Tahiya Carioca, Layla
Murad... ¿Podremos
amar ahora? ¿Cómo
soñaremos a partir de hoy con
los viajes? ¿A
qué isla iremos? ¿Han
derribado el cine Simbad? Está
empapado de agua el pelo del ahogado que
regresó a la fiesta cuando
se apagaron las luces y
se apilaron las sillas en
la orilla desierta. Han
encadenado las olas del Tigris (Publicado
en el periódico Al-Hayat, el 10 de septiembre de 2003)
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