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Para nuestra patria cautiva, la libertad de morir consumida de amor (Mahmud Darwish)


M. Darwish

Adonis


Nizar Qabbani
 


Al-Sayyab


Nazik Al Malaika
 

  
Al-Bayati


Muhammad
 Al Magut

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Naguib Mahfuz

 

 

MAHMUD DARWISH 

Traducción del árabe por
María Luisa Prieto

POEMA DE BEIRUT

Manzana del mar, narciso de mármol,

mariposa de piedra, Beirut, imagen del alma en el espejo.

Descripción de la primera mujer, perfume de nubes.

Beirut, de fatiga y oro, de Alandalús y Damasco.

Plata, espuma, mandamientos de la tierra en plumas de palomas.

Muerte de una espiga, exilio de una estrella entre mi amada y yo, Beirut.

Jamás he oído a mi sangre pronunciar el nombre de una amante que duerme en mi sangre... duerme...

 

De una lluvia sobre el mar aprendimos el nombre. Y del sabor del otoño y 

las naranjas de los que llegan del Sur, como nuestros antepasados, 

venimos a Beirut para venir a Beirut...

De lluvia, hemos construido nuestra choza. El viento no corre y

 nosotros tampoco. Cual clavo hincado en

la arcilla, el viento cava nuestro refugio y dormimos como hormigas en sus hormigueros.

Cantamos en secreto:

 

                                    Beirut es nuestra jaima.

                                    Beirut es nuestra estrella.

 

Estamos prisioneros en este tiempo lánguido.

Los invasores nos entregaron a nuestra gente

y apenas habíamos mordido la tierra cuando nuestro protector se abatió

sobre las bodas y el recuerdo. Y repartimos nuestras canciones entre los guardias.

De un rey en el trono

a un rey en un féretro.

Prisioneros en este tiempo lánguido,

no hemos hallado, casi definitivamente, más que nuestra sangre,

no hemos hallado lo que hace al sultán popular

ni al carcelero afable,

no hemos hallado nada que muestre nuestra identidad,

excepto nuestra sangre escalando los muros...

Cantamos en secreto:

                                    Beirut es nuestra jaima.

                                    Beirut es nuestra estrella.  

Ventana abierta al plomo del mar,

una calle y una moaxaja nos roban.

Beirut es la imagen de la sombra.

Más bella que su poema, más sencilla que la charla.

Nos seduce con mil comienzos abiertos y alfabetos nuevos.

 

                                    Beirut es nuestra única jaima.

                                    Beirut es nuestra única estrella.

 

 

¿Nos hemos tendido en sus sauces para medir unos cuerpos que el mar ha borrado de nuestros cuerpos?

De nuestros primeros nombres hemos venido a Beirut

buscando los confines del Sur y un recipiente para el corazón

derretido...

¿Nos hemos tendido en las ruinas para pesar el Norte con la medida de las cadenas?

La sombra se ha inclinado hacia mí, me ha roto y me ha dispersado.

La sombra se prolonga...

Que los árboles que viajan de noche nos lleven de noche por el cuello

cual racimo de muertos abatidos sin razón...

Hemos venido de un país privado de su país,

de la mano del árabe literal y de una fatiga...

cual ruinas de esta tierra que se extiende del palacio del emir a nuestras celdas

y de nuestros primeros sueños a... leña.

Danos un muro para que podamos gritar: ¡Beirut!

Danos un muro para que podamos ver un horizonte y una ventana de llamas.

Danos un muro para que colguemos Sodoma,

dividida en veinte reinos

para vender petróleo... y árabes.

Danos un muro

para gritar en la península de Arabia:

                                    Beirut es nuestra última jaima.

                                    Beirut es nuestra última estrella.

Un horizonte emplomado se ha esparcido por el horizonte.

Senderos de conchas huecas... no caminos.

Del océano al infierno,

del infierno al Golfo,

de la derecha a la derecha y al centro

no he visto más que un patíbulo

con una cuerda

para dos millones de cuellos.

 

¡Beirut! ¿Dónde empieza el camino a las ventanas de Córdoba?

Yo no emigraré dos veces

ni te amaré dos veces.

En el mar, no veo más que el mar...

pero revoloteo por mis sueños

e invoco a la tierra para que sea el cráneo de mi alma fatigada.

Quiero caminar

para caminar

y caerme en el camino

hacia las ventanas de Córdoba.

 

Beirut es testigo de mi corazón.

De sus calles, emigro, y de mí,

colgado en un poema infinito.

Digo: mi fuego no muere...

palomas en sus edificios,

paz en sus escombros...

Cierro la ciudad como si fuera un libro

y porto la tierra menuda, como un saco de nubes.

Me despierto y, en la ropa de mi cadáver, me busco.

Nos reímos: todavía estamos vivos,

como los gobernantes.

Gracias al periódico que no ha anunciado que yo había caído allí por descuido...

Abro pequeños caminos para el aire, mis pasos y los amigos pasajeros,

el pérfido panadero y la imagen nueva del mar.

Gracias, Beirut de brumas,

gracias, Beirut de ruinas...

Mi alma se ha roto. Lanzaré mi cadáver para que las invasiones me vuelvan a matar

y los invasores me entreguen al poema...

Porto el lenguaje sumiso cual nube

por las aceras de la lectura y la escritura:

"Este mar nos deja sus oídos y sus ojos"

y regresa al mar por el mar.

 

... Y yo porto la tierra de Canaán, cuyas tumbas se han disputado los invasores

pero no los narradores.

De una piedra nacerá el Estado de gueto

y de una piedra crearemos el estado de los amantes.

Improviso la despedida.

Las pequeñas ciudades se ahogan en expresiones similares,

la herida crece sobre la lanza y se alternan en acompañarme

hasta el fin de este canto...

Desciendo por la escalera que no conduce al refugio ni a las bodas,

asciendo por la escalera que no conduce al poema...

desvarío un poco para que vengan la lucidez y el verdugo...

Grito: natividad, tortúrame para que grite, natividad...

Por las invocaciones, cabalgo hacia Damasco

con la esperanza de tener una visión.

Siento vergüenza del eco de las campanas que me llegan oxidadas,

le grito a Atenas: ¿cómo te puedes derrumbar en nosotros?

Luego, susurro en las tiendas beduinas:

mi rostro no está completamente maduro y mis venas rebosan trigo...

Le pregunto al último islam:

¿en el comienzo fue el petróleo

o la ira?

Deliro. Tal vez parezca extraño a los míos.

Que los poetas se inquieten menos por mi lenguaje

y yo lo limpiaré de ellos y del pasado...

No he hallado en las palabras más utilidad que su deseo

de cambiar de autor...

 

Adiós a lo que veremos

al alba que nos desgarrará dentro de poco,

a una ciudad que nos retornará a otra ciudad

para que se prolonguen nuestro éxodo y nuestra sabiduría.

Adiós a las espadas y a las palmeras,

a una paloma que volará de dos corazones consumidos de pasado,

a un techo de tejas...

¿El combatiente ha venido por allí,

como un obús en la guerra?

¿Su estallido ha roto las tazas de té en el café?

Veo ciudades en papel armado de reyes y uniformes caqui,

veo ciudades que coronan a sus conquistadores.

Unas veces Oriente es la antítesis de Occidente

y otras es la imagen y la mercancía

de Occidente...

Veo ciudades que coronan a sus conquistadores

y exportan mártires para importar whisky

y las últimas novedades del sexo y la tortura...

¿El combatiente ha venido por allí,

como un obús en la guerra?

¿Su estallido ha roto las tazas de té en el café?

Veo ciudades que cuelgan a sus amantes

en ramas de hierro

y dispersan los nombres al alba...

... Al alba viene el guardián del único ídolo.

¿De quién nos despediremos, salvo de esta cárcel?

¿Qué tienen que perder los prisioneros?

Caminamos hacia una canción lejana,

hacia la libertad inicial

y, por primera vez en la vida, palpamos la belleza del mundo...

Este alba es azul

y el aire es visible y comestible, como los higos...

Ascendemos.

Uno,

tres,

ciento

y mil

en el nombre de un pueblo dormido a estas horas.

Al alba, al alba, concluimos el poema

y ordenamos la confusión en los cajones del alba.

Bendita sea la vida.

Benditos sean los vivos

sobre la tierra,

no bajo el yugo de los tiranos.

¡Viva la vida!

¡Viva la vida!

 

Luna sobre Baalbek

y sangre en Beirut.

Dime, preciosa, quién te ha convertido

en una yegua de zafiros,

dime quién te ha arrojado

a dos ríos en un ataúd.

Ojalá tuviera tu corazón

para morir en el momento de mi muerte.

 

... De un edificio sin sentido a un sentido sin edificios, hemos encontrado la guerra...

¿Es Beirut un espejo para que lo rompamos y penetremos en sus fragmentos

o nosotros somos espejos que quiebra el aire?

Ven, soldado, háblame del policía:

¿Has llevado mis flores a la ventana?

¿Has transmitido mi silencio a los que amo y al primer mártir?

¿Tus muertos han muerto en ti por mí y por el mar

o me han atacado y me han arrancado de la mano de una mujer

que preparaba el té para mí y la flauta para los combatientes?

¿La iglesia ha cambiado tras vestir a su obispo con uniforme militar

o ha cambiado la presa?

¿Ha cambiado la iglesia

o hemos cambiado nosotros?

 

Las calles nos rodean.

Saca a Beirut de Beirut y repártela entre las ciudades.

El resultado: un espacio para el refugio.

Posa a Beirut en Beirut y sácala de las ciudades.

El resultado: una taberna.

... Caminamos entre explosiones

- ¿Nos acostumbraremos a esta muerte?

- Nos acostumbraremos a la vida y al deseo insaciable.

- ¿Conoces a todos los muertos?

- Conozco a los enamorados por sus miradas

y veo a las asesinas satisfechas con sus encantos y sus ardides.

 

... ¿Nos inclinaremos para que pase la bomba?

Nos acordamos de los primeros días de la guerra.

- ¿Nuestro poema ha sido en vano?

- No, no lo creo.

- Pero entonces, ¿por qué la guerra precede al poema?

- Pedimos a la piedra el ritmo pero éste no viene,

y los poetas tienen divinidades antiguas.

 

Pasa una bomba. Entremos al bar del hotel Commodore.

El silencio de Rimbaud me encanta,

al igual que sus cartas en las que habla de África.

- Yo he perdido a Cavafy.

- ¿Por qué?

- Me dijo: no te marches de Alejandría buscando otra.

- Yo he encontrado a Kafka dormido bajo mi piel,

adaptado a la túnica de la pesadilla y al policía que llevamos dentro.

- Libradme de mis manos.

- ¿Qué ves en el horizonte?

- Otro horizonte.

- ¿Conoces a todos los muertos?

- Y a los que nacerán...

Nacerán

bajo los árboles,

nacerán

bajo la lluvia,

nacerán

de las piedras,

nacerán

de estallidos,

nacerán

de espejos,

nacerán

de rincones,

nacerán

de derrotas,

nacerán

de anillos,

nacerán

de capullos,

nacerán

del comienzo,

nacerán

de la narración,

nacerán

sin final.

Nacerán, crecerán y los matarán.

Y nacerán, nacerán, nacerán...

 

Explica lo siguiente:

Beirut (mar-guerra-tinta-lucro)

 

El mar: blanco o emplomado, verde en abril,

azul, pero si se enfada, enrojece todos los meses.

El mar: se ha inclinado hacia mi sangre

para ser la imagen de los que amo.

 

La guerra: destruye nuestra obra de teatro para que la representemos sin texto ni guión.

La guerra: memoria de los primitivos y de los civilizados.

La guerra: comienza en la sangre.

La guerra: se acaba en el aire.

La guerra: hace un agujero en nuestra sombra para pasar de una puerta a otra.

                        

La tinta: está destinada a la lengua literal, a los oficiales, a los espectadores de nuestras canciones

y a los que se rinden ante el paisaje del mar triste.

La tinta: hormigas negras o un maestro.

La tinta: nuestro istmo seguro.                                                                         

El lucro: derivado de la guerra interminable,

desde que nuestros cuerpos se han vestido con el arado,

desde la primera cacería de antílope

hasta la aparición de los socialistas en Asia y en África.

El lucro: nos gobierna,

nos expulsa de los utensilios y de las palabras,

roba nuestra carne

y la vende.

Beirut: zocos en el mar,

economía que destruye la producción

para construir restaurantes y hoteles...

un Estado en una calle o en un apartamento,

un café que, como el girasol, torna hacia el sol,

descripción de la migración y de la belleza libre,

paraíso de los minutos,

un asiento en la pluma de un pájaro,

montañas que descienden al mar,

mar que asciende hacia las montañas,

gacela degollada con el ala de un gorrión

y un pueblo que no ama la sombra.

Beirut: calles en los barcos.

Beirut: puerto para la unión de las ciudades.

 

Se ha vuelto contra nosotros y nos ha abandonado, dándonos la espalda.

Beirut, traicionará otra nube a los que te miran?

Arquitectura que se amolda a los deseos de las nuevas castas,

musgo de los días entre el flujo y el reflujo,

desechos que vuelan desde los peldaños hacia el trono,

arquitectura de la descomposición y la composición,

mezcla de caminantes por las aceras precediendo al terremoto.

Ha girado volviéndonos la espalda.

Su arquitectura, en línea con el mundo, mira hacia el nuevo mercado

en el que se compra y se vende, sube y baja según el precio del dólar

y del lingote de oro, que sube y baja según el precio de la sangre oriental.

No... Beirut es la brújula del combatiente...

Llevaremos a los niños al mar para que confíen en nosotros...

soberano es el rey nuevo

y la voz de Fayruz, repartida equitativamente entre dos comunidades,

nos guía hacia lo que convierte a los enemigos en una familia

y a Líbano en una espera entre dos etapas de nuestra sangrienta historia.

 

¿El camino se ha estrechado

y de tus pasos nace la senda, compañero?

- Asediado por el mar y los libros sagrados.

- ¿Es nuestro fin?

- No. Persistiremos como las antigüedades,

como un cráneo coronando los días, persistiremos,

como el aire y la mirada de los mártires, persistiremos...

mezclando la noche con la barricada, esperando lo que ignoramos,

ocultando el mundo árabe en un andrajo llamado unidad,

compartiendo la noche:

- Layla no me cree,

pero yo creo a sus pezones cuando se agitan...

ella me seduce por su elegancia al caminar:

caderas de antílope, piernas de gacela, alas de gorrión, resplandor de vela.

Cada vez que la abrazo, llama a las balas perdidas.

- Soberano es el rey nuevo.