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La noche se
sienta donde tú estás. Tu noche es de lilas. A
veces, de los rayos de tus hoyuelos se escapa
un signo que rompe la copa de vino y alumbra
la claridad de las estrellas. Tu noche es tu sombra, un
fragmento de tierra legendaria para igualar nuestros
sueños. Yo no soy el viajero ni el residente en tu noche de
lilas. Soy el que un día fue yo. Cada
vez que la noche te rodea, mi corazón duda entre
dos moradas: y ni el ser
ni el alma se satisfacen. En nuestros
cuerpos, un cielo abraza a una tierra, y toda tú eres tu
noche... una noche que resplandece como la tinta de los astros. Una noche, bajo la
protección de la noche, repta por mi cuerpo aletargada,
cual sopor de zorros. Una noche que rezuma misterio, luminosa
sobre mi lenguaje. Cuanto más se aclara, más temo el mañana
en el puño de la mano. Una noche que
contempla segura y tranquila su inmensidad
que sólo rodean su espejo y las
canciones de los antiguos pastores al verano de unos emperadores enfermos de
amor. Una noche que florece en la poesía preislámica
sobre los brincos de Imru Al Qays[1]
y otros y, para los
soñadores, ha ensanchado el camino de la leche hacia una luna hambrienta
en los confines de las palabras...
[1]
El poeta más famoso de la época preislámica. Es autor de una de
las casidas que componen las muallaqat (las "colgadas"),
los poemas más logrados de la época que constituyen el prototipo de la
casida árabe. Según la tradición, recibieron ese nombre porque cada año
los mejores se escribían con letras doradas y se colocaban en la Meca
"colgados" en el templo de la Kaaba. |
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