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Nizar Qabbani
Traducción del árabe por: UNA
MUJER CAMINA DENTRO DE MÍ Nadie ha leído mi taza sin que sepa que eres mi amada, nadie ha estudiado las rayas de
mi mano sin que descubra las cuatro
letras de tu nombre. Todo se puede negar salvo el olor de la mujer amada, todo se puede disimular salvo los pasos de la mujer que
se mueve dentro de nosotros, todo se puede discutir salvo tu feminidad. ¿Dónde ocultarte, amor mío? Si somos dos bosques que arden, y todas las cámaras de televisión
están fijas en nosotros. ¿Dónde esconderte, amor mío? Si todos los periodistas quieren
convertirte en la estrella de las portadas, y a mí en un héroe griego y en un escándalo gráfico. ¿Dónde llevarte? ¿Dónde me llevarás? Si todos los cafés conocen de
memoria nuestra cara, todos los hoteles conocen de
memoria nuestro nombre y todas las aceras conocen de
memoria la música de nuestros pasos. Estamos al descubierto como una
terraza marina y nos observan como a dos peces
dorados en una vasija de cristal. Nadie ha leído mis poemas sobre
ti sin que conozca las fuentes de mi
lenguaje, nadie ha viajado en mis libros sin que llegue sano y salvo al
puerto de tus ojos. No hay nadie a quien haya dado mi
dirección que no se dirija hacia tus
labios. Nadie abre mis cajones sin que te encuentre allí,
dormida cual mariposa. Nadie ha desenterrado mis hojas sin que conozca la historia de tu
vida. Enséñame una forma de encerrarte en la ta marbuta
[1] e impedirte salir. Enséñame a dibujar en torno a
tus pechos un círculo violeta e impedirlos volar. Enséñame una forma de
retenerte, como el punto y aparte, enséñame una forma de caminar
bajo la lluvia de tus ojos sin mojarme, oler tu cuerpo, perfumado con
especias de la India, sin marearme, y despeñarme desde las elevadas
cumbres de tus pechos sin estrellarme... Levanta la mano de mis pequeñas costumbres, de mis pequeñas cosas, de la pluma con la que escribo, de las hojas en las que hago
garabatos, del llavero que porto, del café que sorbo y de las corbatas que poseo. Levanta la mano de mi escritura: no es lógico que escriba con tus
dedos y respire con tus pulmones. No es lógico que me ría con tus
labios ni que tú llores con mis ojos. Siéntate conmigo un momento para tornar la vista al mapa del
amor que trazaste con la dureza de un conquistador
mongol y el egoísmo de una mujer que
ordena a un hombre: "Sé. Y será". Háblame con democracia; en mi país, los varones de la cábila practican el juego de la represión
política, y no quiero que practiques
conmigo el juego de la represión
sentimental. Siéntate para que veamos dónde está la frontera entre
tus ojos y mi tristeza, dónde comienzan tus aguas
territoriales y termina mi sangre.. Siéntate para acordar en qué parte de mi cuerpo se detendrán tus conquistas y a qué hora de la noche comenzarán tus algaradas. Siéntate conmigo un momento para acordar una forma de amar en la que no seas mi esclava ni yo una pequeña posesión en la lista de tus colonias que no cesa, desde el siglo
diecisiete, de reivindicar ante tus pechos la
liberación. Pero no escuchan, no escuchan. |
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