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Nizar Qabbani
Traducción del árabe por: VEINTICINCO
ROSAS EN EL PELO DE BALQUÍS Yo sabía que ella sería
asesinada, ella sabía que yo sería
asesinado. Se cumplieron ambas profecías: ella cayó, cual mariposa, bajo
las ruinas de la yahiliyya [1] y yo caí entre los colmillos de
una época árabe que devora los poemas, los ojos de la mujer y la rosa de la libertad. Yo sabía que sería asesinada y que su feminidad no intercedería
por ella: la feminidad en este país, cuya
geografía se extiende de la repugnancia a la
repugnancia y de la bala a la bala, no es causa atenuante que proteja a las palomas del sacrificio o conceda privilegios a las
madres para completar la cría de sus
hijos. Yo sabía que sería asesinada: era hermosa en una época árabe
repugnante, era límpida en una época árabe
turbia, era noble en una época de
maleantes, era una perla auténtica entre montones de perlas
artificiales y era una hembra única entre series de mujeres comunes. Yo sabía que sería asesinada: encarnaba la civilización
mesopotámica y nosotros estamos
subdesarrollados, era una espléndida maqama bagdadí y nosotros no escuchamos, era un poema abbasí y nosotros no leemos, era un fragmento de la epopeya de
Gilgamesh y nosotros somos analfabetos, era lo más bello que se haya
escrito en poesía y nosotros lo más feo que se
haya escrito en prosa...
Yo sabía que sería asesinada porque sus ojos eran puros, como
ríos de esmeralda, y su pelo era largo, como un mawwal
[2]
bagdadí; los nervios de este país no soportan la verde espesura ni la presencia de un millón de
palmeras que se arraciman en los ojos de
Balquís...
Yo sabía que sería asesinada: todos nosotros, sin excepción,
formamos parte del menú en este país, acostumbrado a comerse a sus ciudadanos; lo extaño es que antes de
hacerlo, nos pidan que entonemos el himno nacional y que hagamos el saludo militar
al presidente de la mesa y a los camareros que lo rodean. ¿Qué himno nacional? ¿Qué
nación? Si el cadáver del ciudadano árabe es enterrado en cualquier lugar, entre el estómago del gobernador
árabe y su intestino grueso...
Yo sabía que sería asesinada: su orgullo era mayor que la Península Árabe, y su cultura no le permitía vivir en la época de decadencia, ni su luminosa constitución le permitía vivir en la
oscuridad...
Creía, por su gran belleza, que la tierra era pequeña para
ella; por eso hizo las maletas y se marchó de puntillas, sin decir nada.
No temía que el país la matara, sino que se matara a sí mismo.
Cual nube preñada de poesía gotea sobre mis cuadernos: vino, miel, ruiseñores y rubíes, gotea sobre mis sentimientos: velas, pájaros marinos y lunas de jazmín. Tras su partida comenzó la época de la sed, se acabó el tiempo del agua.
Su amor iraquí tenía sabor a rosa y a brasa; cuando se desbordaba en
primavera, devastaba todos los obstáculos y a mí me rompía en mil
pedazos.
Con ella fundé el 5 de marzo de
1962 la primera escuela de amor en
Bagdad. Cuando Balquís cayó, el
15-12-1981, los maestros y las maestras
dimitieron, los alumnos huyeron y los estudios de amor se aplazaron sine die...
Antes de que su pelo dorado se
marchara, dejándome, yo no sabía que una de las aficiones de los pájaros es ensamblar lingotes de oro.
Desde que Balquís se marchó, los árboles no crecen, la luna no se redondea y el agua no brilla...
Porque el pueblo árabe deseaba ser libre, como el pelo
de Balquís, no sujeto con horquillas, celdas
y alambres espinosos, como el pelo de Balquís. El Sultán -Dios le conceda la
victoria sobre sus enemigos y acreciente su fortuna y sus
favoritas- ordenó prender fuego a los
trigales, cortarle la cabeza a cualquier
espiga que hablara con otra y librarse del pelo de Balquís, indómito cual rubio alazán, porque infundía a la gente
esperanzas y los inducía a la libertad.
Presentía que ella se marcharía: en sus ojos había velas prestas para el viaje, y posados en sus pestañas aviones prestos a despegar. En su bolso -desde que nos
casamos- llevaba el pasaporte, el billete
de avión y visados de entrada a países
que no llegó a visitar. Cuando le preguntaba: ¿por qué llevas todos esos
papeles en el bolso? Respondía: Porque tengo una cita con el arco
iris...
Cuando me entregaron el bolso que encontraron bajo los
escombros y vi el pasaporte, el billete de avión y el visado de entrada, comprendí que no me había
casado con Balquís Al Rawi sino con el arco iris... En las fiestas evitaba ponerse a mi lado, que la fotografiaran conmigo o decir que era la mujer del
poeta. Era yo quien la buscaba por todas
partes y pedía a los fotógrafos que me
retrataran con ella para entrar en la historia.
Cuando asistía a mis veladas poéticas, era ella quien acaparaba los
focos mientras yo permanecía en la
sombra. No intentaba ganarse a la poesía: era la poesía quien intentaba
ganarla a ella.
Cuando muere una mujer hermosa la tierra pierde el equilibrio, la luna anuncia duelo durante
cien años y la poesía se convierte en
labor inútil.
No reconocía las medias
soluciones, su presencia era excepcional, su conversación era excepcional y su pelo, viajero por todo el
mundo, un acontecimiento excepcional. Por eso su muerte fue tan excepcional
como ella...
Se casó conmigo, a pesar de la cábila, viajó conmigo, a pesar de la cábila, me dio a Zaynab y a Omar, a pesar de la cábila. Cuando le preguntaba por qué, me estrechaba, como a un niño,
contra su pecho y susurraba: "porque tú eres mi cábila".
Tenía fabulosos colores, cual
mariposa, elegante vuelo, cual mariposa, y corta edad, cual mariposa. Cuando la flamearon, el 15 de
diciembre de 1981, las estadísticas de Naciones
Unidas anunciaron: somos la única tribu del mundo que se come a las mariposas.
Balquís Al Rawi, Balquís Al Rawi, Balquís Al Rawi. Me gustaba el ritmo de su nombre, retenía su sonido y temía unir a él mi nombre por si enturbiaba el agua del
lago y estropeaba la belleza de la
sinfonía.
Esa mujer no podía vivir más, no deseaba vivir más: era semejante a las velas y los
candiles, era como un instante poético que debía eclosionar antes de la
última línea...
Beirut, 10-4-82. [2] Tipo de copla originaria de Iraq, aunque en la actualidad se extiende por la mayor parte de los países árabes. Puede tener hasta más de trece versos. ___________________________________________________ |
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