| ||||||||||||||||||||||||
|
|
Adonis
Traducción
del árabe por
EL TIEMPO Abrazo a la espiga del tiempo, mi cabeza es una torre de fuego. ¿Qué es esta sangre que palpita
en la arena y qué es este ocaso? Llama del presente, ¿qué vamos
a decir? En mi garganta están los jirones
de la Historia y en mi rostro los signos del
sacrificio. ¡Qué amargo es ahora el
lenguaje! ¡Qué angosta la puerta del
alfabeto! Abrazo a la espiga del tiempo, mi cabeza es una torre de fuego. ¿Se ha convertido el amigo en
verdugo? Un vecino ha dicho: ¡Cuánto
tarda Hulagu en venir! ¿Quién llama a la puerta? ¿El
recaudador de impuestos? Dale el tributo... siluetas de
mujeres y de hombres... imágenes que
caminan... Nos hemos hecho señales, nos
hemos intercambiado secretos. Nuestros pasos son una hebra de
muertos. ¿Tu muerto viene de tu Señor o tu Señor viene de tu muerto? Perdido por el enigma, se inclina cual arco de terror sobre sus días
encorvados. - Tenía un hermano. Desapareció.
Mi padre se volvió loco. Mis hermanos murieron. ¿A quién
invocar? ¿Hay que abrazar a la puerta,
suplicar a la alfombra? - Delira. Trae la tabaquera y cúralo
con el rapé de los sabios. Cadáveres que el asesino lee
cual anécdotas. ¿Este montón es un granero de
huesos, la cabeza de un niño o un trozo de carbón? ¿Es un cuerpo esto que veo o un
esqueleto de barro? Me inclino, arreglo dos ojos y
remiendo una cadera. Tal vez la intuición me ayude y me guíe un fulgor de memoria pero es inútil que investigue la
delgada hebra, inútil que junte una cabeza, dos
brazos y dos piernas para descubrir la identidad del
muerto. - ¿A quién predica la hormiga y
por qué asustarse? Poesía es mezclar en el ojo esta
trágica chispa. Éxtasis es ver tu casa volar en
estallidos hacia Dios. Encaramada a un alminar, la lechuza del adivino ulula. De su grito ha tejido un arco
iris y, ahogada de alegría, ha
llorado Abrazo a la espiga del tiempo, mi cabeza es una torre de fuego. El payaso ha revelado sus
secretos. Este tiempo rebelde es una tienda
de alhajas, un pantano de profetas. El payaso ha revelado sus
secretos. La verdad será la muerte, el pan
de los poetas y lo que se llamó o se convertirá
en patria no es más que un instante a la
deriva sobre el rostro del tiempo. El payaso ha revelado sus
secretos. Esplendor del diluvio, ¿dónde
está tu llave? Inúndame de gracia, toma mis últimas
riberas, tómame. Un abismo ardiente me ha
hechizado, un camino por el que huyen los
caminos. Abrazo a la espiga del tiempo, mi cabeza es una torre de fuego. Mi alma ha olvidado sus pasiones, ha olvidado su patrimonio, oculto
en la casa de las imágenes. No volverá a recordar lo que ha
dicho la lluvia, lo que ha escrito la tinta de los
árboles. Mi alma no dibuja más que una
gaviota empujada por las olas contra las
amarras de un barco. No escucha más que un grito metálico: he aquí el corazón de la
ciudad, luna rota, unida al ombligo de un
fantasma de chispas. No sabe que Dios y el poeta son dos niños que duermen en la
mejilla de una piedra. Mi alma ha olvidado sus pasiones, por eso temo la sombra y el bosquejo del futuro, por eso me invade la duda y el sueño se me resiste. Amarrado, corro de un fuego a
otro, sofocado bajo el sudor que
chorrea por mi cuerpo, compartiendo con los muros el
insomnio de la noche (fieras son los pasos de la
noche). A menudo he dicho a la poesía
sedimentada en el fondo de mi memoria: ¿qué es esta sierra en mi
cuello? ¿Quién me dicta la aleya del
silencio? ¿A quién contaré mis cenizas? Yo, que no sé arrancar el pulso
y arrojarlo a la mesa. Yo, que rechazo hacer de mi
tristeza un tambor para el cielo. Así pues diré: mi vida ha sido
morada de espectros, molino de viento. Abrazo a la espiga del tiempo, mi cabeza es una torre de fuego. Los árboles del amor en Qassabin son hermanos de los árboles de
la muerte en Beirut. El bosque de mirto consuela al
bosque del exilio. Qassabin penetra en el mapa de la
hierba y destila las entrañas de las
llanuras. Beirut penetra en el mapa de la
muerte: las tumbas son jardines,
despojos, campos. ¿Qué fuerza vierte a Qassabin
en Tiro y Sidón y es Beirut quien se derrama? ¿Qué es eso que alejándose se
aproxima? ¿Quién mezcla en mi mapa esta
sangre? El verano se seca y el otoño no
ha llegado, la primavera ha ennegrecido en la
memoria de la tierra, el invierno es como la muerte lo
dibuja: agonía y hemorragia, época surgida de un frasco de
predestinación y de la palma de la suerte, época del extravío que
improvisa el instante y rumia el aire. ¿Cómo podréis reconocerla? Un muerto sin rostro que contiene
todos los rostros. Abrazo a la espiga del tiempo, mi cabeza es una torre de fuego. Agotado, me doy la vuelta y
observo: ¿Qué son esos andrajos? ¿Crónicas,
países, banderas colgadas al acantilado
del crepúsculo? En un instante leo las
generaciones, en un cadáver reconozco miles de
cadáveres. Me sumergen los abismos del
absurdo, mi cuerpo se escapa, mi rostro no aparece en el
espejo, mi sangre huye de las arterias. ¿Será porque no veo a la luz transportar mis sueños hacia
ella? ¿Será el lugar más remoto de
un mundo que los demás bendicen y yo
maldigo? ¿Qué es esto que desarraiga mis
profundidades y se marcha entre la jungla del
deseo, los países, los océanos de lágrimas y la descendencia de símbolos, entre las venas y los sexos, las épocas y los pueblos? ¿Qué es esto que divide mi alma
y me destruye? ¿Acaso soy la encrucijada de
caminos? En el instante del descubrimiento
¿ha dejado mi camino de ser mi camino? ¿Soy más que un ser, mi
historia es mi abismo y mi plazo mi incendio? ¿Qué es esto que en una
carcajada se eleva de mis miembros ahogados? ¿Soy múltiples seres que se
preguntan: ¿Quién eres? ¿De dónde
vienes? ¿Son mis órganos los bosques
del combate en una sangre-viento, en un
cuerpo-hoja? ¿Soy un loco? ¿Quién soy en
estas tinieblas? Enséñame y guíame, locura. ¿Quién soy, amigos?
Respondedme, vosotros, los visionarios, los
oprimidos. Ojalá pudiera escaparme de mi
piel sin saber quién he sido ni quién
seré. Busco un nombre, algo que
nombrar, pero nada es nombrable. Una época ciega, una Historia
cegada, una época de limo y una Historia
de ruinas. El dominador es dominado. ¡Alabadas seáis, tinieblas! Abrazo a la espiga del tiempo, mi cabeza es una torre de fuego. Mi antepasado semita es agarrado por lo que ha engendrado el
destino ciego. ¿Un papagayo? ¿Un profeta
colado en una momia? Oh, antepasado al que aparto de
su camino. Tú eres el que habita en la molécula
del agua y en los astros celestes. Es prudente que camines así, orgulloso hacia el pasado. Tú eres el misterio, el reino receloso de las profecías. Extraviado en el error, no puedo
comprenderte. Tú eres el prodigio, antepasado al que yo rechazo
ahora. A pesar de que haya amado la
creación en tu nombre, no me reconocerás, nada me unirá
a ti, aparte de estas huellas
enterradas en mi alma que me lloran y me hacen llorar
sobre ti. Abrazo a la espiga del tiempo, mi cabeza es una torre de fuego. El fin de la época que llovía
piedras[1] ha encontrado el comienzo de una
era que llueve petróleo. El dios de las palmeras se
arrodilla ante un dios del hierro y yo, entre estos dioses, soy la
sangre derramada, la caravana que huye. Palpo mi fuego apagado, me pregunto cómo engañar a mi
muerte, rebelde en su desierto, y digo que el universo lo teje mi
sueño. La trama se deshace, me veo en un abismo y me entrego a la noche de la caída. Veo en las cosas un cerco de
humo, percibo el mundo como una cacería. Se extiende la mesa: los cuerpos son los condimentos, las cabezas los recipientes y Dios se sienta a la mesa de la
caza. Una gacela era panadera, una
iguana soldado. ¿Es Dios quien se come la caza o es la caza quien se come a
Dios? Los caminos mienten, las riberas
traicionan. ¿Cómo no caer fulminado por la
locura? Reniego del comensal y del manjar y acojo a todo lo errante. Mi consuelo es sumergirme en mi
sueño, excederme, ondear y cantar el deseo del rechazo. Deliro. Venus es la ajorca de mis
días, Capricornio mi brazalete y las flores en sus corolas son
balcones... Mi consuelo es salir y convocar a todos los verbos de la salida. Ensillad estos vientos
desbocados. La Historia ha sido degollada y esto no es más que el
preludio. Dejad al verdugo, a la víctima y
al sacrificio como mártires, cubridme con sus restos y dibujadme una ruina. Así sacaré a la sabiduría de
su yacimiento y gritaré: Bienvenidos mis
escombros, mi decadencia. Mañana la muerte me soplará sin
que me extinga, mañana saldré de la luz para ir
hacia otra luz. Cierto que soy más frágil que
un hilo pero más noble que un dios. Así comenzaré a abrazar mi
tierra y los secretos de sus pasiones. El cuerpo del mar es su amor, un amor que tiene como manos al
sol, el cuerpo reservado al trueno,
ancla de ternura, un cuerpo promesa en el que me
pierdo. Surgiré de este desafío. Cubrid con la luz de la lluvia
amorosa el rostro de la margarita y que sea... Abrazo la época que viene y
camino, rebelde, con andares de capitán, trazando mi país. Subid a sus más altas cimas, descended a sus profundidades. No encontraréis miedo ni
cadenas. Es como si el pájaro fuera rama, la tierra un niño y los mitos
mujeres ¿o tal vez sueños? Dejo a los que vendrán después
de mí la misión de abrir este espacio. Mi piel no es una cabaña de
ideas ni mi pasión leñador del
recuerdo. Mi ascendencia es el rechazo y mis bodas germinación entre
dos polos. Esta época es la mía, la del dios muerto y la máquina
ciega. Que habite en la alberca de los
deseos, que mis despojos sean flores, que sea el alif del agua,
la ya del fuego, el loco de la vida. Revelo al tiempo los secretos de
sus páginas. Así confiesa que es el extraviado, el rebelde,
el discordante. (Beirut, 4 de junio-25 de octubre de 1982)
|
|
|